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El aborto: impacto emocional y acompañamiento

El aborto y su impacto emocional en la mujer. Reflexiones y acompañamiento para transitar el duelo con apoyo y comprensión.

Desde que empecé este proyecto he entrevistado a algunas mujeres y me he ido informando más sobre maternidad y embarazo a raíz de sus historias.

Y hay un tema que, aunque no siempre se dice en voz alta, ha aparecido más de una vez.

El aborto.

Y en concreto, el aborto bioquímico.

Me he dado cuenta de que es algo que ocurre con bastante frecuencia, pero del que se habla poco y, cuando se habla, a veces hay mucha confusión.

Por eso, en el episodio de hoy tipo “hablemos de…” me gustaría comentarlo. Primero vamos a entender qué significa realmente la palabra aborto y qué tipos existen, explicado de forma que lo entendamos todas y todos. Después iremos a la parte menos técnica y más humana, porque más allá de las definiciones médicas, también están las emociones. 

Y si después de escucharlo te surgen dudas, puedes escribirme. Si hay muchas dudas, podemos hacer un segundo episodio respondiéndolas.

¿QUÉ ES EL ABORTO?

Cuando hablamos de aborto, médicamente estamos hablando de interrupción o pérdida de un embarazo antes de que el feto sea viable fuera del útero. Es decir, antes de que pudiera sobrevivir por sí mismo fuera del cuerpo de la madre.

En la mayoria de guías médicas se considera aborto a la pérdida antes de las 20-22 semanas de gestación (según país y protocolo). El aborto espontáneo es cuando la pérdida ocurre de forma natural, sin intervención. Es el tipo de aborto más frecuente y suele ocurrir en el primer trimestre de embarazo.

La Organización Mundial de la Salud explica que muchas pérdidas tempranas se deben a alteraciones cromosómicas que ocurren al azar en el embrión. Es decir que es la naturaleza misma la que descarta lo que no es viable.

Por lo que es importante tener en cuanta que en la mayoría de abortos espontáneos lo que la mujer haya hecho o dejado de hacer no es la causa de la pérdida.

Dentro del aborto espontáneo existen diferentes tipos.

Y entenderlos ayuda a poner nombre a lo qué está ocurriendo y a comprender mejor lo que nos dicen en la consulta. Porque muchas veces lo que genera más angustia no es solo lo que pasa, sino no entenderlo. 

Uno de los tipos más frecuentes – y a la vez más desconocido – es el aborto bioquímico.


Se llama así porque lo único que llega a detectarse es la parte “bioquímica” del embarazo, es decir, la hormona beta-hCG en sangre u orina. Hay un test positivo. Hay hormonas del embarazo. Pero el desarrollo se detiene tan pronto que no llega a verse nada en una ecografía.

Suele ocurrir muy al inicio, muchas veces alrededor de la cuarta o quinta semana. En algunos incluso antes de la primera falta de menstruación clara, por lo que muchas veces ni nos damos cuenta de que hemos tenido un aborto.

De hecho, si no se hace un test de forma temprana, puede confundirse con una menstruación que se ha retrasado unos día.

Otro tipo de aborto es el retenido o diferido.

En este caso, el embarazo se detiene, pero el cuerpo no lo expulsa de inmediato. A veces no hay sangrado ni dolor, y se descubre en una ecografía de control cuando el desarrollo ya no se corresponde a las semanas de gestación o no hay latido.

Este tipo de pérdida es especialmente impactante porque externamente puede parecer que todo sigue igual.

También existe el llamado aborto incompleto. Es cuando el cuerpo empieza a expulsar el contenido del útero, pero no lo expulsa del todo. En este caso puede necesitar seguimiento o tratamiento médico.

Por último, no podemos dejar de hablar de la llamada amenaza de aborto. Es un término que asusta mucho y a veces se interpreta mal. Aquí hay sangrado en el embarazo, pero el cuello del útero está cerrado y el embarazo puede seguir evolucionando. No todo sangrado implica pérdida.

Es bastante frecuente. Se estima que aproximadamente un 20-25 % de los embarazos presentan algún sangrado en el primer trimestre y no todos terminan en pérdida.

Las causas pueden ser diversas y no siempre son claras. Algunas de ellas pueden ser pequeños desprendimientos o hematomas, cambios hormonales, el famoso sangrado de implantación o en algunos casos, ese sangrado puede ser el inicio de un aborto que finalmente sí ocurre.

PARTE EMOCIONAL

Todas estas son categorías médicas.

Son formas que tiene la medicina de clasificar lo que ocurre para poder actuar de la manera más adecuada. Pero cuando lo vives, no lo sientes como una categoría clínica. No piensas si es bioquímico, retenido o incompleto. Lo que sientes es otra cosa. 

Lo que he recogido con este tiempo de podcast y en mi experiencia como madre y enfermera. Es que en ese momento no todo el mundo, ni una misma, nos tratamos con el respeto o la delicadeza que la situación requiere.

Muchas de vosotras habéis manifestado que no os habéis sentido acompañadas. Algunas de las frases que me habéis transmitido que os han dicho son:

  • Era muy pronto.

  • Ni siquiera se veía nada.

  • Es muy común.

  • Eres muy joven y de seguida te volverás a quedar embarazada…

Y aunque muchas veces no deja de ser cierto, emocionalmente no ayuda.

Porque para cada mujer que ha sufrido un aborto había un test positivo. había una ilusión y hubo una posibilidad que empezó a existir. El aborto no deja de ser una pérdida y como toda pérdida tiene una fase de duelo.

El hecho de que sea frecuente no lo convierte en insignificante. Y el hecho de que haya ocurrido muy pronto no determina cuánto puede doler.

Muchas mujeres, después de un aborto, buscan una causa. Repasan lo que comieron, si hicieron ejercicio, si trabajaron demasiado, si tuvieron relaciones, si se estresaron…

Y en la mayoría de los casos, como hemos dicho antes, no hay nada que pudiera haber hecho diferente.

Nuestro cuerpo también tiene mecanismos de selección biológica. Y en cuando algo no es viable, muchas veces el embarazo simplemente no continúa.

A veces aparece una especie de culpa añadida. Como si no estuviera “permitido” estar triste porque el embarazo era muy temprano. Pero el dolor no se mide en semanas de gestación. Se mide en expectativas, en deseo, en proyecto.

No todas las mujeres lo viven igual. Algunas lo viven como algo más clínico, otras como una pérdida profunda. Y ninguna forma de vivirlo es más correcta que otra.

Hablar de aborto, y especialmente de aborto bioquímico, no es para generar miedo.
Es para generar información y comprensión. Porque cuando entendemos lo que ocurre, podemos dejar de añadir culpa innecesaria al proceso.

Si estás atravesando algo así, no tienes que minimizarlo ni exagerarlo. Puedes simplemente reconocer lo que estás sintiendo.

Y si esto te ha generado preguntas, puedes escribirme. Quizás tenga sentido abrir un segundo espacio para resolver dudas o profundizar más.

Gemma Aregay

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