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La lucha del YO


Son las 6 de la mañana. Hace tan solo una hora estaba preparando un biberón, cambiando un pañal y replanteándome la vida medio dormida.
Ahora estoy con un café en la mano, escuchando un gallo fuera de lugar cantar y volviéndomela a replantear medio despierta.


Hay noches en las que mi YO madre no puede con mi YO dormida y entran en conflicto. La niña se despierta. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabe… Calor, pañal mojado, sensación de abandono, tos, frío, crecimiento… A saber. Llora. Llora como si la vida le pesara, como si le presionara el cuerpo contra la piel. Pide. Llama. Las neuronas duplicándose a la velocidad de la luz. Me imagino también sus emociones como las de la película Del revés, peleándose por mantener el mando bajo control.
Mi YO dormida reniega. Aparece mi YO madre. Cambia pañal, hace biberón, abraza, intenta entender… Fracasa. Emerge de nuevo mi YO dormida. Mala leche, incomprensión, pocas ganas. No puedo hacer nada más. Me tumbo. Mi YO madre no me deja dormir. Mi YO dormida no me deja levantarme. Nadie gana, nadie pierde.
Finalmente, mi YO madre usa su última carta de la baraja. Coge a la niña y la mete en la cama. Poco a poco, a la pequeña, deja de presionarle el cuerpo contra la piel, la vida parece más ligera y se duerme como si no hubiera pasado nada.


Mi YO dormida se caga en todo. Si lo sé lo hago antes. Entre patadas y brazos estranguladores me duermo.
A las 6 suena la alarma. Hay que ir al gimnasio, hay que crear un futuro, hay que hacer mientras se puede. Lavaplatos, desayunos, recoger juguetes que están estratégicamente puestos para herirte extremidades inferiores en el momento de menos paciencia del día.
Pero aun con legañas en los ojos, me preparo un merecidísimo café, me siento en el ordenador y vomito palabras. Palabras que ponen orden a sentimientos que escondo. Palabras para inspirar(me), para sostenerme y entender(me).
Mi YO de antes de ser madre se estaría descojonando de mí. Levantada a las 6 de la mañana y reflexionando sobre la maternidad.
Los grandes secretos de la maternidad. Nos hablan de las dificultades de la crianza. Nos hablan de los cambios corporales. Nos hablan incluso del cambio de vida a nivel social. Pero, nadie nos habla de la guerra de batallas infinitas que se producirá en nuestro interior. Nadie nos advierte del nacimiento de una guerrera feroz en nuestro interior que aparece para proteger, sostener y criar. La llamamos maternidad.
Y es necesaria. Es fundamental.
Pero también hay que ofrecerle resistencia. Porque no tiene que ganar todas las batallas. Si las gana todas, nuestros otros YOes – la mujer, la amiga, la amante, la profesional, la niña que fuimos – corren el riesgo de caer en el olvido.
Escribo porque escucharme y entenderme, después de una noche de batalla interna, también es seguir peleando. Hoy ha ganado mi YO mujer. Hoy he elegido cuidarme y entenderme.
Y no siento culpa. O al menos hoy no. Porque también estoy aprendiendo a no sentirla siempre.
Maternidad con G
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