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Materia gris en el embarazo: cambios en el cerebro materno

Descubre cómo cambia la materia gris en el embarazo y qué implican estas transformaciones en el cerebro materno y el vínculo con tu bebé.

Materia Gris en el embarazo
Materia Gris en el embarazo

Desde la primera vez que me quedé embarazada, en 2024, he notado cambios muy claros en mi manera de ser, de pensar, de memorizar e incluso de actuar. Ahora, con mi segundo embarazo, esto se ha hecho todavía más evidente.


En esencia sigo siendo la misma. Mis valores y mis principios siguen ahí, incluso diría que más fuertes. Pero muchas cosas a mi alrededor han cambiado.

Mis amistades han cambiado. Algunas relaciones que creía muy estables también. Y con mi pareja, por ejemplo, la relación es buena, incluso mejor en algunos aspectos, pero es distinta. Y eso se siente.


Como enfermera y psicóloga, todo esto me despertó mucha curiosidad. Necesitaba entender qué me estaba pasando, así que empecé a investigar, a leer artículos científicos y a seguir a profesionales referentes en el estudio del cerebro y la maternidad, para poder ponerle palabras a este cambio.

Porque para mí entender lo que me pasa es importante. Cuanto más nos entendemos, más nos cuidamos… y más nos queremos.


Antes de seguir, quiero mencionar un libro que me ha parecido especialmente interesante. Se titula Neuromaternal y es de la Doctora Susana Carmona, psicóloga y doctora en neurociencias. Ella es una de las principales referentes en el estudio de los cambios que se producen en el cerebro de la mujer durante la maternidad.

¿QUÉ ES LA MATERIA GRIS?


Cuando hablamos del cerebro, básicamente distinguimos dos grandes tipos de tejido: la materia gris y la materia blanca. No están separadas, sino que conviven y trabajan juntas dentro de nuestro cerebro.

La materia gris está formada sobre todo por los cuerpos de las células cerebrales, es decir, por las neuronas. La materia blanca, en cambio, está formada fundamentalmente por las conexiones entre esas neuronas.

¿Y qué significa esto?

Que la materia gris es el tejido encargado de interpretar lo que pasa a nuestro alrededor. Es donde se piensa, se siente y se toman decisiones.

La materia blanca, por su parte, es el tejido por el que se transmite esa información al resto del cerebro y al cuerpo.

Vamos a poner un ejemplo para que se entienda mejor.

Imaginemos que estamos cruzando la calle y, de repente, vemos un coche que viene demasiado rápido hacia nosotros. La materia gris analiza la situación y toma la decisión: tengo que correr. La materia blanca se encarga de enviar ese mensaje al cuerpo, y entonces las piernas reaccionan y empezamos a correr.

Sin materia blanca, la decisión se quedaría pensada, pero no se actuaría. Y sin materia gris, no sabríamos qué hacer.

Ahora que ya sabemos que es la materia gris y cómo funciona en nuestro cerebro, podemos entender mejor qué ocurre durante el embarazo.


Y lo primero que quiero dejar claro es que nuestro cerebro no se estropea ni empeora durante el embarazo, simplemente se adapta al cambio que implica la maternidad.

Durante el embarazo, el cerebro de la mujer atraviesa uno de los procesos de cambio más importantes que se conocen en la vida adulta. Y estos cambios no son una opinión ni una sensación subjetiva: se han visto con imágenes cerebrales reales, con resonancias magnéticas.

Uno de los estudios más importantes sobre este tema fue publicado en la revista Nature Neuroscience por el equipo de Eliselda Hoekzema.

En este estudio se observó que, durante el embarazo, se produce una reducción del volumen de materia gris, pero ojo, no en todo el cerebro.


Esta reducción ocurre en zonas muy concretas, relacionadas sobre todo con:

  • la cognición social

  • la empatía

  • la interpretación de las emociones

  • la capacidad de entender al otro

Es decir, no desaparece materia gris al azar.
El cerebro reorganiza sus recursos.

Los propios autores del estudio explican que esta reducción no es un daño, sino un proceso de especialización cerebral. Algo muy parecido a lo que ocurre, por ejemplo, durante la adolescencia o cuando aprendemos habilidades complejas: el cerebro elimina conexiones que no son prioritarias y refuerza otras que sí lo son.

Dicho de forma sencilla:
el cerebro hace limpieza para centrarse en lo esencial.

Y en este momento vital, lo esencial tiene mucho que ver con:

  • el vínculo

  • la protección

  • la sensibilidad emocional

  • y la lectura de señales del entorno

Por eso muchas mujeres sienten que:

  • piensan diferente

  • se concentran menos en algunas cosas

  • pero a la vez están más sensibles, más intuitivas o más conectadas emocionalmente

Además, estos cambios no desaparecen justo después del parto. Los estudios muestran que pueden mantenerse durante meses e incluso años, lo que refuerza la idea de que la maternidad no es solo una experiencia emocional, sino también una transformación cerebral profunda.

Seguramente has alguna vez has oído hablar del mommy brain. Sinó te cuento: Es ese momento en el que te olvidas de cosas que antes no olvidabas. En el que te cuesta concentrarte. En el que sientes que tu cabeza no va tan rápido como antes. A veces se manifiesta en pequeños despistes: olvidar una cita, no encontrar las palabras, entrar en una habitación y no saber a qué ibas.
Y otras veces es una sensación más profunda, más incómoda: la de estar menos brillante, menos ágil mentalmente.

Y aquí quiero parar un momento para decir algo importante. Esto no es falta de ganas, ni vagancia, ni desinterés. Y, desde luego, no es que ya no sirvas igual. Lo que está ocurriendo es que tu cerebro está funcionando de otra manera.

Durante el embarazo y la maternidad temprana, el cerebro prioriza unas funciones sobre otras. Dedica más recursos a lo emocional, a lo relacional, a la protección y al vínculo. Y eso hace que otras tareas, como la atención sostenida, la memoria a corto plazo o la multitarea, se resientan un poco. No porque hayas perdido capacidad, sino porque tu cerebro está ocupado en otra cosa.

Y el problema no es tanto lo que nos pasa, sino que nadie nos explica que esto es normal. Seguimos exigiéndonos rendir igual, pensar igual y funcionar igual, cuando biológicamente no estamos en el mismo lugar.

Por eso el mommy brain no debería vivirse como un fallo, sino como una señal de que el cerebro se está adaptando a una nueva etapa vital.

Y además, todos estos cambios ocurren dentro de una vida que sigue avanzando.

Las mujeres, después de ser madres, volvemos al trabajo con un cerebro que no funciona exactamente igual que antes, pero en el entorno laboral seguimos teniendo las mismas exigencias. El mismo ritmo. Las mismas expectativas.

Y es ahí donde muchas veces aparece el choque.

Porque internamente algo ha cambiado, pero externamente se espera que todo siga y funcione igual.

Empieza entonces la comparación con la versión de antes: con cómo rendías, cómo pensabas, cómo resolvías. Y muchas veces esa comparación duele. Además, las que más la hacemos somos nosotras mismas.

No es que después de ser madres seamos menos capaces, sino que nuestra identidad se está reordenando. La maternidad no solo añade un rol nuevo, reorganiza quiénes somos.

Cambian las prioridades, los límites y la forma de mirar el tiempo, el trabajo y el éxito. Y, sin embargo, tanto nosotras como nuestro entorno solemos pedirnos que funcionemos igual, como si nada hubiera pasado. Que volvamos rápido. Que rindamos igual. Que no mezclemos la vida laboral y la personal.

Pero el cerebro no funciona así. No se puede atravesar una transformación tan profunda —biológica, emocional y vital— y salir intacta.

Quizá el problema no sea que tú hayas cambiado, sino que el sistema no esté preparado para acompañar ese cambio.

Todo esto que hemos hablado hoy tiene un fondo muy claro: no estamos fallando. Nuestro cerebro se está adaptando a una nuevas etapa vital.

Y aunque este cambio a veces nos desconcierta, incomoda e incluso nos duele, entenderlo es el primer paso para que no nos aplaste. Porque cuando sabemos qué esta pasando, dejamos de pelearnos con nosotras mismas. Dejamos de exigirnos volver a ser quienes éramos y empezamos a abrazar quiénes estamos siendo.


Por lo tanto, durante este cambio no debemos forzarnos a rendir igual, lo que debemos hacer es escucharnos y entendernos mejor y diferente. Porque transformarnos también es una forma de avanzar.

Gemma Aregay


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